domingo, 8 de noviembre de 2009

Reflexión sobre la caridad

Hace un par de días, en la noche, leía en un libro una mención sobre la caridad que me dejó pensando y me dio para la reflexión.

Decía que la caridad no solamente es dar dinero a los necesitados, sino algo mucho más que eso. Es dar sin esperar nada a cambio, dejar tu persona a un lado por un momento, tal vez renunciar a algo, para hacer un bien a otra persona. Esto, que en una primera impresión parece totalmente sensato, hoy día, en el mundo competitivo en que vivimos, no es tan normal.

Se puede ser caritativo tanto con pobres como con ricos. No es necesario tener dinero, ni ser una persona importante, para hacer un acto de caridad, simplemente da lo mejor que puedas dar. Y no solo algo material, puede ser un gesto, una palabra de aliento, un abrazo, por más insignificante que sea para vos, para muchos otros puede valer muchísimo.

Al cerrar el libro e irme a dormir me quedó rondando este pensamiento en mi cabeza. ¿Cuán caritativos somos día a día? ¿Cuándo fue la última vez que dejamos a un lado nuestros intereses para hacer un bien a alguien más?

La cuestión no es hacer grandes beneficiencias, que por supuesto son buenas y adelante para quién pueda, pero lo que realmente ayuda son las pequeñas cosas de cada día, nuestras acciones diarias.

Si todos pararamos un minuto, un instante por día, y dejaramos nuestros intereses personales a un lado para hacer un bien a otra persona, por más pequeño que sea, estaríamos contribuyendo para que este mundo tan competitivo sea un poco más solidario.

3 comentarios:

  1. Jorge, coincido plenamente contigo. No somos para nada cartitativos ni generosoa cuando donamos la ropa que ya no queremos usar y que en realidad nos molesta en el placard, ya que necesitamos el espacio para la nueva que nos vamos a comprar, ni cuando le damos unas monedas al indigente que está pidiendo limosna. Dar lo que nos sobra ´no es ser generosos.
    Sin embargo, cuando necesitamos gente dispuesta a colaborar en el merendero de Empalme Nicolich, o para atender gente en el consultorio jurídico gratuito, o cocinar para la olla ambulante, etc, resulta que nadie tiene tiempo, y es cierto, todos estamos muy ocupados entre el trabajo, la casa, los hijos, y por qué no algunos momentos de esparcimiento y diversión. Pero qué facil sería si todos pusiéramos un ratito de nuestro tiempo, ya no serían pocas personas queriendo dar una mano y recargadas por ser pocas, sino muchos que al compartir, se hace más liviano.
    Dios quiera que ésto motive a unos cuantos a ser solidarios en serio!
    Ana

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  2. la verdad tienes toda la razon

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